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Sueñovela
Mi nombre es Evangeline Lowell, o Eva, como la mayoría suele decirme. Nací en una noche fría de un 5 de noviembre. Mi madre murió cuando tuve la edad de dos años, y lo sé por que escuché decir a mucha gente, desde entonces vivo con mi tía Helena, una señora solterona y bastante mal humorada. Mi tía Helena no me consideró como a su sobrina favorita, ¡Qué va! Pero tampoco era tan mala, en su casa tenía una habitación en donde podía dormir tranquila, tenía que a ayudar con los deberes de la casa pero eso no importaba mucho ya que no me costaba nada. Me daba de comer, me compraba ropa, cubría mis necesidades escolares y básicos así que, no me podía quejar. Cuando cumplí la mayoría de edad, mi tía Helena, tal vez cansada de gastar tanto en mi, me habló de la herencia que había dejado mi madre, nunca antes lo mencionó ya que debía esperar hasta mis diecinueve años por ordenes de ella. Recuerdo que fue un día por la noche, me preparaba para ir a la cama. Ella sin más me soltó las cosas de golpe, tan sutil como siempre. -Eva, es mejor que te vayas independizando un poco. -me sugirió mientras acomodaba su vestido peligrosamente ajustado. Mis ojos casi se salen de su lugar al escuchar semejante locura. Por que para mi lo era. -Pero no quiero estar sola tía Helena ¿Qué haré? -pregunté nerviosa. -Lo que hace cualquier chica de tu edad, salir de fiesta, comprar ropa, qué sé yo. -le resta importancia retocando sus labios de ese color rojo tan llamativo. -¿Podré seguir estudiando? -cuestione esperanzada. -Sí, claro que sí Eva, lo puedes hacer. -hace una mueca. -Pero, ya no pagarás mis estudios ¿cierto? -No, el dinero que te dejó tu madre te debe servir para eso, es mucho, así que no creo que sufras por eso. -¿Me ayudarás a encontrar alguna casa? -pregunta con un nudo en la garganta. -Sí, te ayudaré Eva, si eso quieres, tampoco te estoy echando. Solo necesito que me des una ayudadita en cuestiones financieras y ya. Ahora debes irte a tu habitación, no debe tardar en llegar Mitch. -su novio en turno. Asentí termina
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Mi nombre es Evangeline Lowell, o Eva, como la mayoría suele decirme. Nací en una noche fría de un 5 de noviembre. Mi madre murió cuando tuve la edad de dos años, y lo sé por que escuché decir a mucha gente, desde entonces vivo con mi tía Helena, una señora solterona y bastante mal humorada. Mi tía Helena no me consideró como a su sobrina favorita, ¡Qué va! Pero tampoco era tan mala, en su casa tenía una habitación en donde podía dormir tranquila, tenía que a ayudar con los deberes de la casa pero eso no importaba mucho ya que no me costaba nada. Me daba de comer, me compraba ropa, cubría mis necesidades escolares y básicos así que, no me podía quejar. Cuando cumplí la mayoría de edad, mi tía Helena, tal vez cansada de gastar tanto en mi, me habló de la herencia que había dejado mi madre, nunca antes lo mencionó ya que debía esperar hasta mis diecinueve años por ordenes de ella. Recuerdo que fue un día por la noche, me preparaba para ir a la cama. Ella sin más me soltó las cosas de golpe, tan sutil como siempre. -Eva, es mejor que te vayas independizando un poco. -me sugirió mientras acomodaba su vestido peligrosamente ajustado. Mis ojos casi se salen de su lugar al escuchar semejante locura. Por que para mi lo era. -Pero no quiero estar sola tía Helena ¿Qué haré? -pregunté nerviosa. -Lo que hace cualquier chica de tu edad, salir de fiesta, comprar ropa, qué sé yo. -le resta importancia retocando sus labios de ese color rojo tan llamativo. -¿Podré seguir estudiando? -cuestione esperanzada. -Sí, claro que sí Eva, lo puedes hacer. -hace una mueca. -Pero, ya no pagarás mis estudios ¿cierto? -No, el dinero que te dejó tu madre te debe servir para eso, es mucho, así que no creo que sufras por eso. -¿Me ayudarás a encontrar alguna casa? -pregunta con un nudo en la garganta. -Sí, te ayudaré Eva, si eso quieres, tampoco te estoy echando. Solo necesito que me des una ayudadita en cuestiones financieras y ya. Ahora debes irte a tu habitación, no debe tardar en llegar Mitch. -su novio en turno. Asentí termina
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Fernanda Leal Gómez
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La Vida en Nudos By Yareli
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Alessandro Negrini
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